¿Porqué Especialistas?

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La pregunta que inicia mi entrada de hoy parece obsoleta, cuando leyes y organizaciones han hablado y la figura se vislumbra cada vez más en los Servicios Públicos de Salud (y en los privados?).

Aun así, quedan flecos, huecos, agujeros negros en esta travesía en la que llevamos embarcados varías décadas (no voy a entrar en números y fechas, que para eso ya tenemos datos, y si me da tiempo, los incluyo más adelante), y sobre los que quiero ir  opinando, como siempre subjetivamente, que para eso este blog es mío, y digo lo que creo.

¿Porqué se ha tardado (y se está tardando) tanto en implantar la Especialidad? Por falta de voluntad política, que no por disciplicencia del colectivo, movilizado sobre todo en torno a la Asociación Española de Enfermeria de Salud Mental, y con la ignorancia o indiferencia casi supina de sindicatos y Colegios Profesionales (como siempre con honrosas pero escasas excepciones). Pero también por desconocimiento de los resultados y beneficios que la figura de la Enf. Especialista podía ofrecer a la población. Y porque lo que ofrecíamos a la población en la asistencia cotidiana no nos distinguía de las Enf. Generalistas.

¿Para qué una Especialista, si para sacar sangre, sujetar a un paciente o tenerlos dormidos y tranquilos no hace falta más que el puñetero SENTIDO COMÚN! Que ya me tiene hasta las narices!. El menos común de los sentidos!, el más contaminado por prejuicios y actitudes derivadas de nuestros estereotipos culturales privados!. El que desprecia el conocimiento, la capacitación.

Para leídos, ya están los médicos, me decían algunos (bueno, en los viejos tiempos, un tosco Psiquiatra de manicomio me llegó a confesar: “cuando yo saqué la plaza, tiré los libros encima del armario, y allí siguen”,así que ya veis que en todas partes cuecen habas).

¿Saben que una Enf. Especialista detecta mucho mejor un ambiente tenso, una situación de riesgo que una generalista, por su capacitación en gestión del ambiente terapéutico, comunicación no verbal, etc., y evita con la desescalada y la desactivación de los factores  de riesgo un posible episodio de violencia, desde la máxima de que más vale dedicarle al inquieto el tiempo que precise de escucha, comprensión y complicidad, que pretender “ser resolutiva” y sujetar rápido la situación antes de que se haga más tarde, “que estas horas y disgustos de más no están pagadas” (¿no? Pues poco satisfecho me he sentido cuando hemos conseguido dejar en casa a un chico tranquilo sin daño y a una familia aliviada por haber evitado un desenlace traumático). ¿No nos pedían los supervivientes hace poco en unas Jornadas: “no me ates, abrázame”?

¿Saben que una Enf. Especialista valorará sus casos desde el pensamiento complejo, interconectando actitudes individuales y colectivas, interacciones y dinámicas familiares, desde el contexto íntimo del grupo, que es su casa, y no se deja llevar por el escotomizado visor del “solo creo lo que veo aquí y ahora” (se le llama visión/ilusión fenomenológica) del ingreso hospitalario o la consulta ambulatoria (perdonad que no la llame comunitaria, que no se merece ese título hasta que sus usuarios -es decir, quienes la usen- no le otorguen ese título y la valoren como un refugio acogedor y tolerante), que acogerá a todos los elementos del caso por igual, sin demonizar al padre o hermanos/as ausentes o evitantes, a las madres o esposas sobreimplicadas?

¿Saben que no hace falta una Enf. Especialista para poner un inyectable, por mucha caja y aparataje que traiga, ni para valorar el sobrepeso o el consumo de tabaco, alcohol o drogas, sino para generar un clima de relación constructiva que permita a la persona atendida tomar conciencia del sentido de sus acciones y de sus necesidades, y ayudarle a adquirir fuerza para tomar decisiones que le ayuden a mejorar (se llama empoderamiento)?

Enfermeras Especialistas de Salud Mental, formadas académicamente, armadas emocional e intelectualmente. Que, como decía en la conferencia de clausura del último Congreso (tengo que hacer una crónica, pero ya Teresa Pérez @DUEdevocacion se me ha adelantado) el Prof. Ángel Asenjo, piensa antes de actuar, valora sus propias emociones, chequea sus actitudes, y ofrece sus mejores recursos.

Seguramente no terminaré esta entrada aquí, pero así al menos cumplo con el compromiso de contar lo que sé y pienso, que ya llevo mucho tiempo callado. Como siempre, opinad, que es gratis!

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